El capellán de aquel entonces que estaba en la primitiva capilla había impuesto al público que concurría a dicha capilla que el poncho debía no llevarse como rebozo, sino que debían de usarlo de forma correcta.
Así que quién se encargaba de las campanas, debía de advertir de esto a los feligreses en la puerta.
En los primeros años de la Capilla, la misma contaba con una piedra colgada en la entrada, que al ser golpeada con otra piedra producía ruido, con el cual se llamaba a las personas para que concurrieran a la celebración de los oficios litúrgicos.
Más tarde esta piedra fue sustituida por un suncho de hierro , suspendido entre una guasca entre dos palos. Lo que generaba un sonido aún mayor, pertenecía al cepo de un ancla abandonada.
El capellán a su vez también le había dado la orden a quien se encargaba de golpear aquella "campana" rudimentaria, de que diera aviso al público de que debían de colocarse el poncho como correspondía y no de rebozo.
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